EL CONTROL SOCIAL INFORMAL PREVENTIVO

                                                     El control social informal preventivo

Desde los primeros años de vida, las personas aprenden a relacionarse mediante normas, valores, costumbres y experiencias que se transmiten dentro de la familia, los centros educativos, los grupos de amistad y las comunidades. Estas relaciones influyen en la manera de comprender lo bueno, lo malo, resolver conflictos y reconocer los límites de la convivencia. 

El control social informal preventivo, entendido como las normas y expectativas que la sociedad establece y que no están respaldadas por leyes formales. Estas normas son transmitidas a través de interacciones sociales y se espera que los individuos las sigan para mantener la armonía y el orden en la sociedad.  Su importancia se basa en que muchas decisiones cotidianas no se toman por temor a una consecuencia penal, sino por decisiones personales, vínculos afectivos, responsabilidad colectiva o necesidad de reconocimiento social. Actualmente, la influencia de la familia y la comunidad se relacionan directamente con redes sociales, plataformas digitales y mecanismos de vigilancia entre los mismos, lo que genera conductas que pueden ser observadas y cuestionadas por personas que ni siquiera comparten viven en el mismo lugar. Por lo que estos mecanismos pueden fortalecer la prevención de la violencia, pero también pueden generar discriminación, exclusión y cargas sociales.

                    Imagen 1: Control social informal

                    Tomado de: (shlideshare, s.f.)

El control social informal preventivo no depende de lo que diga un juez o de algún procedimiento policial, sino de las relaciones sociales mediante las cuales las personas desarrollan criterios sobre sus responsabilidades frente a los demás. Una familia que enseña a resolver problemas sin recurrir a la violencia o un sistema educativo que promueve el respeto, así como una comunidad que organiza actividades para recuperar espacios públicos están desarrollando acciones preventivas, aunque no siempre sean reconocidas como parte de una estrategia de seguridad. Sin embargo, las familias también pueden transmitir patrones violentos, los grupos de amistad pueden normalizar conductas que no son buenas y las comunidades pueden imponer reglas discriminatorias. Por consiguiente, el control informal no debe valorarse únicamente por su capacidad para conseguir obediencia, sino también importa cuáles valores transmite, cómo se establecen sus normas y qué consecuencias enfrentan quienes no cumplen con las expectativas.

Durante la infancia y la adolescencia se construyen aprendizajes que van a estar por toda la vida, como la empatía, el autocontrol, la resolución de conflictos y los límites.

Cuando existen relaciones familiares con buena comunicación, acompañamiento y afecto, pueden fortalecerse factores protectores frente a situaciones de riesgo. Sin embargo, las relaciones familiares también pueden estar condicionadas por jornadas laborales largas, dificultades económicas y situaciones de violencia. Unos padres que trabajen durante gran parte del día pueden enfrentan limitaciones para acompañar a sus hijos y esto no necesariamente signifique desinterés o incapacidad para educarlos. En Costa Rica, la prevención de la violencia juvenil no puede recaer únicamente en los padres, también requiere centros educativos accesibles, espacios recreativos, oportunidades de formación y servicios de acompañamiento para hogares que enfrentan dificultades. La responsabilidad familiar es importante, pero necesita condiciones sociales que permitan ejercerla.

Los centros educativos también influyen dentro del control informal preventivo, aunque la educación pública se encuentra regulada por el Estado, las relaciones cotidianas entre estudiantes, docentes y compañeros producen influencia social, la escuela puede enseñar a convivir adecuadamente, enseñar de respeto y de los mecanismos pacíficos para resolver desacuerdos, pero también es un espacio donde se reproducen prejuicios, exclusiones y estigmatización. Cuando un estudiante es identificado constantemente como problemático o agresivo, existe el riesgo de que sea tratado únicamente bajo esa etiqueta, lo que empeoraría su relación con el centro educativo y disminuir sus posibilidades de participación. La expulsión o el aislamiento son soluciones inmediatas, aunque no necesariamente resuelven las causas del conflicto, incluso pueden aumentar la idea de que esta persona se aleje de sus estudios y afecte su vida social. Por ello, es buena idea promover programas de mediación, acompañamiento psicológico, participación estudiantil y resolución restaurativa de conflictos, según la gravedad de cada situación.

Por otro lado, en la actualidad muchas comunidades utilizan grupos de WhatsApp, Facebook, Tik Tok, Instagram, Telegram, para comunicar situaciones sospechosas, compartir alertas y organizar respuestas comunitarias. Estos mecanismos facilitan la comunicación y permiten que las personas informen sobre situaciones de riesgo. Sin embargo, su funcionamiento también puede generar problemas cuando circulan fotografías, acusaciones o datos personales sin comprobar la información. Una imagen compartida fuera de contexto puede afectar la reputación de alguien que no ha cometido ningún delito. De la misma manera, una publicación que identifica a una persona como responsable de un robo que no cometió puede provocar amenazas, rechazo y agresiones. Estamos ante la realidad donde ya la comunidad no necesita vivir en el mismo lugar para ejercer presión sobre una persona, ahora solo basta con compartir una publicación en alguna red social.

Las redes sociales han ampliado la capacidad ciudadana para denunciar abusos, visibilizar injusticias y exigir responsabilidades. Estas posibilidades representan avances importantes cuando contribuyen a proteger derechos o revelar situaciones que requieren intervención institucional. Los llamados linchamientos digitales muestran cómo una acusación puede convertirse rápidamente en condena social, incluso cuando los hechos todavía no han sido aclarados. A diferencia del proceso penal, donde existen garantías y procedimientos para determinar responsabilidades, la sanción digital suele depender de emociones, interpretaciones y niveles de difusión.

Todas las personas tienen libre albedrio para cuestionar comportamientos y expresar sus inconformidades, el problema surge cuando la exposición se utiliza para destruir la reputación de alguien o imponer consecuencias que no son adecuadas.

Ahora bien, las plataformas digitales. Están no muestran toda la información, ya que sus sistemas seleccionan y organizan contenidos mediante distintos criterios, como lo son las interacciones, intereses y capacidad para viralizarse, lo cual puede influir en cuáles problemas adquieren mayor visibilidad y cuáles permanecen prácticamente desconocidos. Cuando las personas reciben constantemente publicaciones relacionadas con delitos violentos, pueden desarrollar una percepción de inseguridad que no necesariamente corresponde a la realidad. La repetición de imágenes, denuncias y testimonios puede producir la impresión de que la violencia está presente en todo lugar. Lo que genera que la población prefiera cambiar sus comportamientos cotidianos, evitar ciertos lugares, desconfiar de desconocidos o apoyar medidas de seguridad cada vez más restrictivas. Es por ello por lo que el control informal digital no solamente transmite información, también influye en la manera de interpretar la realidad y establecer cuáles personas o situaciones representan amenazas.

“Existe la necesidad de abordar los riesgos de las plataformas digitales mediante mecanismos que protejan la libertad de expresión, el acceso a la información y los derechos humanos”. Esto permite cuestionar tanto los daños provocados por contenidos digitales como las respuestas excesivas que podrían restringir injustificadamente la participación ciudadana. (UNESCO, 2023).

La utilización de cámaras, aplicaciones de localización y sistemas de comunicación ente vecinos es una forma de contribuir a proteger bienes y a las personas de la comunidad, pero cuando estas prácticas no tienen límites, aparece una forma de vigilancia permanente entre ciudadanos.

Foucault (1977) ofrece herramientas conceptuales para comprender cómo la posibilidad de ser observado puede influir sobre la conducta, incluso sin una intervención directa de quien vigila. En la actualidad, muchas personas comparten información sobre sus actividades, desplazamientos y relaciones personales, lo que puede parecer inofensivo, pero deja abierto la posibilidad de que terceros elaboren interpretaciones, realicen seguimientos o utilicen información personal para hacer daño. La normalización de estas prácticas plantea una pregunta: ¿puede considerarse segura una sociedad donde las personas sienten que deben observar y ser observadas continuamente?

En Costa Rica, algunos ejemplos de control social informal:

Saludo y cortesía: es común saludar a las personas con buen saludo y con buen Pura vida.

Puntualidad: Se espera que las personas lleguen a tiempo a sus compromisos y respeten los horarios establecidos, aunque más de un tico siempre llegue tarde.

Respeto a la propiedad:  está tipificado por la ley.

Ayuda mutua: como buen tico, siempre se va a prestar ayuda cuando se necesite y pasa mucho cuando un carro se queda varado o se va a algún hueco.

Normas de comportamiento en espacios públicos: existen normas de comportamiento en espacios públicos, como no hacer ruido excesivo, respetar las filas y no arrojar basura en la vía pública.

Propuestas para fortalecer el control social informal preventivo

Primeramente, fortalecer los vínculos comunitarios mediante actividades culturales, deportivas y educativas que permitan recuperar la confianza entre vecinos, donde se incluyan a jóvenes, adultos mayores y niños.

Establecer reglas claras para los grupos digitales, donde se impida difundir injustificadamente de fotografías, información privada y acusaciones sin pruebas, además de promover la comunicación responsable con las autoridades.

Asimismo, resulta conveniente promover una comunicación pública responsable sobre la delincuencia, informar sobre hechos violentos, contextualizar los acontecimientos, evitar generalizaciones y presentar experiencias positivas de prevención.

Para finalizar, el control social informal preventivo regular la conducta de las personas y evitar comportamientos antisociales o delictivos antes de que ocurran. Actúa mucho antes que sistema penal y policial para frenar conductas desviadas desde su raíz. Resulta más económico para una comunidad mantener el orden mediante la educación y los lazos familiares que depender de la Fuera Publica o de sanciones penales. Genera un ambiente de seguridad ciudadana basado en la solidaridad, una cultura de paz y la responsabilidad compartida entre vecinos. Alivia la carga de las instituciones gubernamentales ya que un tejido social fuerte reduce de manera natural la incidencia de conflictos y delitos.


Referencias:

Foucault, Michel. (1977). Discipline and Punish: The Birth of the Prison. New York: Pantheon Books.

UNESCO. (2024). Directrices para la gobernanza de las plataformas digitales. Salvaguardar la libertad de expresión y el acceso a la información con un enfoque de múltiples partes interesadas. https://www.unesco.org/es/articles/directrices-para-la-gobernanza-de-las-plataformas-digitales

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